viernes, 28 de marzo de 2014

¡Hay esperanza en la deriva!

Hay ocasiones, muy muy contadas ocasiones, en las que vemos perfectamente cómo va a ser el futuro.
Por supuesto, en mi caso, eso siempre supone una nueva resignación, una superación más de la normalidad a la que no estoy dispuesta jamás a acostumbrarme.
Pero algo me dice que el rumbo está cambiando junto al clima. Que hay que levantarse y vestirse de una manera estrafalaria. Y salir a demostrar nuestros conocimientos, o a olvidarlos. A amoldarse a cómo son los demás, a formar un todo conjunto con la gente con la que verdaderamente nos apetezca. A emprender una excursión que nos lleve a perdernos, a conquistar castillos olvidados custodiados por inmortales -pero finalmente amigables- dragones de color púrpura.
Colgarnos una mochila llena de libros y volver otra vez atrás, a donde aún ningún severo Dios había inventado las obligaciones.
Y que magullarnos las rodillas sea un premio, y que encontremos por el sendero a mucha gente haciendo el amor al aire libre.

Me da igual que esté lloviendo, se acerca el verano.



SSS.

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