Se nos acaban las estaciones, y pronto vamos a tener que empezar a repetir.
Se nos va un enero aventurero, descubridor.
Un febrero incierto, un frío febril, una insoportable incertidumbre.
Aquel marzo tan nuevo, tan eterno, tan ardiente, tan feliz, tan triste. Tan declarador de intenciones.
Se va abril cargado de planes, de palabras en la punta de la lengua, De promesas de viajes. De miedo.
Y mayo, sexual, se nos desliza entre los dedos, y sólo podemos sostenerlo en la memoria. La revelación y el pacto, las cartas sobre la mesa. Se van.
Como se va junio, con sus agobios y el apoyo y la recompensa y un cerebro exprimido pero activo y lleno de nosotros.
Julio, tan perfecto, tiene más ganas de quedarse, pero también se va. Julio subiendo el listón, julio incomparable, julio feliz y corto como unos pantalones de verano excesivos para el clima. Julio que merece más que irse, julio que volverá para quedarse eternamente.
Sabía que también nos abandonaría agosto, tan lleno de gestiones y de hastío, de madrugar para nada y de días que nos acercaban cada vez más hasta un principio que también sería un final. Agosto trepidante y aburrido, agosto a la sombra del gran julio.
Septiembre, mi cumpleaños, también se va. Septiembre de vientos, de cambios, de aviones, de idiomas desconocidos y de labios conocidos, septiembre universal y taciturno. Frío y alcohólico. Septiembre tropical y eslavo.
Y el décimo mes, octubre, se nos va de nuevo, decidiendo si quiere congelarme el corazón o no. Octubre de añoranzas y desvelos, de acostumbrarse, de más echar de menos, de sentir, de saber, de esperar. De primeras veces, Se va porque las cosas buenas no duran siempre.
¡Y el noviembre del reencuentro también nos deja! Ni siquiera se queda el mes que nos reestableció la sonrisa. El mes helado, la nieve, el color de los únicos ojos que importan en el mundo. Más paises que se van, caras que pasan, idiomas,
idiomas,
idiomas,
despedidas.
Ahora sé que diciembre también se nos va a ir. Ni siquiera va a quedarse como recordatorio del mejor año de nuestras vidas -por ahora- porque todos los meses tienen que marcharse. Y dejar espacio a nuevos meses, que traerán consigo nuevas experiencias, que también serán nuestras y que volverán a irse. Para ser cada vez mejores y mejores, más y más grandes. Hasta que algún día, sean eternas.
Como tú y como yo.
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