Es como estar dentro de un coche mientras llueve. Como descubrir que habías comprado chocolate y no te acordabas. Es como el olor a libro viejo.
Se parece a poder apagar el despertador para seguir durmiendo, al crujido de las hojas en otoño cuando las pisas, o a pasar la noche entera mirando al mar.
Podría relacionarlo con los domingos por la mañana, y con la alegría que me invade cuando aún me queda más de la mitad de mi libro preferido por leer. Es como cuando era pequeña y todo era sorprendente.
Igual que escuchar la vida de alguien que ha vivido más años que el sol.
Es como andar descalza, como cantar en la ducha, como dormir 12 horas seguidas, como la lana en invierno.
Es vivir tan desnuda, tan completa... Vivir, al fin y al cabo.
Y no sobrevivir, como he hecho siempre.
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