Así que no puedo reprocharte nada de lo que nos hiciste a tí y a mí. Porque eso es cosa tuya y no mía y eran tus decisiones y no las mías. Incluso mi opinión sobra aquí.
Por eso no es tu culpa mi mal humor. No, la culpa es mía porque el mal humor se debe a que me está costando una vida encontrar la fuerza para volver a sentirme en paz con el universo, ya que el resentimiento está siendo más fuerte que yo hoy. Y me odio por ello. Cuando me libre de sentir esta cosa tan odiosa, cuando vuelva en sí, volverá mi buen humor - que tan importante es- y tú no habrás tenido nada que ver ni con una cosa ni con la otra.
Y total, que cada uno es libre de hacer lo que le de la gana y quiénes somos nosotros para juzgarlo, para juzgarnos mutuamente, tú y yo.
Romperé los grilletes que forjé para correr sin rumbo pero a mi voluntad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario