Tú solo te plantabas ahí delante y esperabas a ver cuánto tardaba en pararse mi corazón.
Y no parabas de reirte, mirándome desde muy lejos, gritando '¡baila, baila!'.
Y era imposible, pero yo bailaba. Porque lo pedías tú.
Igual que hubiese muerto si lo hubieses pedido tú.
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