viernes, 19 de octubre de 2012

Lo imbécil.

Tú solo te plantabas ahí delante y esperabas a ver cuánto tardaba en pararse mi corazón.

Y no parabas de reirte, mirándome desde muy lejos, gritando '¡baila, baila!'.

Y era imposible, pero yo bailaba. Porque lo pedías tú.
Igual que hubiese muerto si lo hubieses pedido tú.

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