De tormentas vamos a hablar a estas alturas.
De la tormenta que hemos sido desde siempre, de cómo siempre hemos arrasado con todo.
Pero no quiero hablar contigo ahora de tormentas, ni de tormentos.
Arrasamos también con nosotros mismos con tanta furia y tanto trueno. Se han callado ya las gotas de lluvia. Porque nos rompimos y se negó aun así a salir el sol. Así que ahora sólo somos sequía. Sequía infinita. Y no hay sol y no llueve. Ni siquiera corre viento ya.
Éramos una tormenta eléctrica pero nuestros polos se distanciaron tanto que ya ni se distinguen.
Lástima, sé que nacimos para ser tormenta.
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