miércoles, 26 de junio de 2013

Sin respuesta[s]

El otro día, ya muy de noche, estaba hablando con una amiga sobre cosas que solo se pueden hablar de madrugada.
Lo que ocurre es que yo me preguntaba, como siempre, que por qué hay gente que da tanto y gente que da tan poco (aunque esta sea una interpretación simplista de la realidad) y ella respondía, con los ojos cerrados y quedándose dormida, que había muchas maneras diferentes de querer.
En lo que ambas, ella casi soñando y yo tan despierta como ahora, no nos poníamos de acuerdo, era en hasta que punto querer a nuestra manera es aceptable.
No sé, ¿se puede querer a alguien y pasar meses sin pensar en esa persona? ¿El amor puede estar reñido con la preocupación?
Tal vez porque a mí no me salía expresarme correctamente y me quedé con cosas que decir, llevo días pensando en ello. ¿Si alguien nos quiere no está idiosincráticamente programado para intentar hacernos felices?
¿Y si tu manera de querer riñe con la mía? ¿Y si yo necesito que me demuestres que me quieres y eso no está en tu manera de querer?
¿Empezaríamos a querernos menos?
¿Existe alguien que no necesite ese tipo de demostraciones de afecto?
Por mucho que intente ponerme en la piel de las personas despegadas por naturaleza, no entiendo por qué les parece tan aberrante cambiar un poco esa aversión al cariño abierto al menos una vez al mes, para que nosotros, los desgraciados enganchados a las personas a las que queremos, no nos sintamos terriblemente desengañados y solos.

Y pensando en esto, ella se quedó dormida y, aunque un poco más tarde, yo también me dormí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario