Nos quiero tanto que no sólo te demuestro mi amor; sino que te demuestro el tuyo.
Y ya, de paso, me lo demuestro a mí.
Que de este pedestal, de este alto y gris trono de piedra, no sé quién va a poder desterrarte.
Si te he clavado yo, tornillo a tornillo, tal vez sin siquiera reparar en tu profundo y marcado recelo. En tu lucha inane por resistirte.
No, tú no has tenido nada que ver.
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