No es para que suene resentido o desesperado. Aunque probablemente sonará patético. Un intento infantil de reflejar, probablemente sin éxito, una de las verdades más absolutas del universo.
Y es que lo más que quieras a una persona, lo más que le rías las gracias, que esperes estar con ella, o que insistas si no te contesta en algún chat, menos importarás tú.
Yo tengo la teoría de que esto ocurre porque el peso siempre es el mismo. Y es repartido, así que si alguien da mucho, para qué iba el otro a hacer lo mismo. Se produciría un desequilibrio.
Pero la peor parte es que también estamos siendo los malos. Porque aunque se nos ocurran mil personas por las que damos todo esperando todo y sin recibir ni la mitad de lo ¿merecido?, hay personas a las que estamos haciendo lo mismo. ¿A que esas no se nos ocurren? Personas a las que no nos importa ignorar si vemos llegar un mensaje, personas que probablemente estarían encantadas de escuchar todo lo que intentamos decir a aquellos que no nos hacen ni caso. Esa es la verdad y no otra.
Una entre las mil verdades impenetrablemente eternas de las que no queremos darnos cuenta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario