Cuando estamos tristes, esa tristeza nos lleva a otras que quizás ya habíamos olvidado. O que ya hemos superado de sobra, pero que aún así siguen dándonos martillazos en el pecho.
(Nada se va del todo)
Por lo menos, estáis poniéndome el escondite muy fácil. Casi podría decirse que estoy jugando yo sola.
No hay nadie contando hasta cien. Ni hasta un millón.
¿Y qué pasaría si...?
No hay comentarios:
Publicar un comentario